No es un cuento, ni poema, ni nada por el estilo, simplemente es mi humilde persona detallando varios acontecimientos de mi vida que me hacen pensar, creer o como quieran decirle, que la casualidad no existe. No intento dar una explicación, sólo remarco lo singular de las situaciones. De los últimos escritos que tengo(tiene algunos errores, sepan disculparme).
Para quienes me conocen les va a causar algo de gracia...y para quienes figuran en este escrito todavía más, ahí va:
¿No les ha pasado alguna vez? ¿No han adivinado el futuro? ¿Incluso aunque hayan tildado al hecho de “casualidad”? No les ha sucedido que han atendido el telefono para marcar pero resultó que alguien del otro lado acababa de marcar su número y antes de sentir en sus oídos el primer biiiip de los sucesivos que hacen a la espera escucho el tubo levantarse y dio con usted. Tal vez hasta era la misma persona que usted planeaba llamar...Es algo que estoy seguro de adivinar que a muchos les ha pasado y al que no, debe pensar que “bizarro” es eso.
Miles de cosas asi me han tocado vivir, posiblemente muchas mas de las que me acuerdo o de las que me haya dado cuenta.
De ejemplo a este escrito les he de contar que, no hace mucho, viví el futuro en mi mente antes que en la realidad y dos veces en 24hs! Asi es en tan solo un día. La primera ocasión sucedió un jueves a la noche y la siguiente un viernes, lo aun mas gracioso del asunto (vale aquí exponer mi creer de que el destino es cómico, aunque a veces su humor sea demasiado tétrico para nosotros), fue que la primer situación puede verse vista seguramente por una simple “jugarreta” de mi subconciencia, logrando que el futuro pre-visualisado en mi mente se llevara a cabo. En cambio, en el segundo acontecer, se escapa totalmente de lo real, es tan paranormal que me asusto de pensarlo. Yo no podría haber previsto eso de ninguna manera y mucho menos hacer algo para que sucediera. Como dije, lo divertido de estos 2 primeros actos que les voy a contar, fue que si al primero me quedaba alguna duda, el destino tan hilarante de si mismo, me tiro una segunda jugada que hizo de jaque-mate a mis posibles explicaciones al respecto. Sin más preámbulos (quiero hacer esto breve), os contare:
La primera situación ya mencionada paso un jueves de fines marzo y arranca con un inoportuno llamado telefónico que me interrumpió los preparativos de la cena en casa de mi hermano. Este llamado era de un amigo al que llamare “Kave”, quien me pedía que me presentase a jugar un partido de fútbol que él tenía con unos amigos suyos, ya que no llegaban a completar un número par. Inmediatamente le dije que iría pero tendría que esperar a que yo termine de cenar, cabe mencionar también que el partido estaba acordado para dentro de media hora (cosa que yo no sabía). Apresurado comí y en seguida me dirigí a mi casa. En el instante que cerré la puerta y planeaba irme a mi habitación a cambiarme sonó mi celular, resultaba ser otro amigo, quien también vendría a jugar y al escuchar su voz me dice “¡Estoy afuera!” y corta (es algo estúpido que me llame en vez de tocar timbre y es porque hablábamos gratis por celular). Todavía mas apurado, me sometí a mi habitación y me cambié en un minuto, pero antes de salir pase por el tocador y fue en ese instante en que mi mente, de la nada, aunque como siempre, empezó a divagar por el sendero de los pensamientos locos. Primero me puse a pensar en que feo era el color ocre de los azulejos del baño, un pensar que habrá durado 10 segundos. Luego imagine una discusión mía a través del telefono y con la misma persona con la que acababa de hablar. Naturalmente, familiarice a esa escena con la que acababa de vivir hace un minuto, pero me llamo la atención que sentía la disputa en esa visión, y nada que ver con una pelea era lo que habíamos tenido en nuestra charla telefónica (fue mas bien un “hola y chau”).
Salí del baño y, al segundo, empezó a sonar mi telefono. Al ver que la llamada pertenecía a Lucas me extraño, pero no solo por la visión, sino porque acababa de hablar con él hace 2 minutos. Atendí y lo primero que dijo fue “¿Y? ¡apurate!”, ya para este instante olvide completamente mi premonición y se me empezó a acabar la paciencia. No había pasado media hora desde que me avisaron del maldito partido y ya me estaban apurando. Obviamente discutí con Lucas por teléfono sobre el asunto y me pidió disculpas al salir de casa y encontrarnos de frente, con su excusa de que apurarme fue porque Kave se lo había pedido. Tarde un buen rato en darme cuenta que la imagen Mía discutiendo con él yo la había visto antes de que llegue a suceder.
Ya les dije que esta primer situación puede ser aducida a una artimaña subliminal de mi subconsciente, pero aunque asi lo fuera ¿Cómo podría explicarse el segundo caso?
La noche termino, perdimos el partido por una considerable diferencia y me fui a dormir sin pensar en el extraño suceso.
La mañana siguiente desperté y me dirigí a la oficina donde trabajo. Una vez ahí, entre los miles de vagos pensamientos que rodeaban a mi mente, se hallaba el de la visión que había tenido y mientras “trabajaba” recordé algo…Hacia un año y unos meses atrás, mas precisamente el 24 de enero del 2007, me obsesione con el número trece durante unas cuantas semanas (ahora me suena más divertido saber que escribo esto desde un piso 13°). “¿Por que?” Se preguntaran, y la respuesta se deba a sucesivos actos de mala suerte :
- Se fundió el auto que mi padre me había prestado
- Unos amigos se lastimaron en una ola
- La grúa se quedo 3 veces en tan solo 20km
- Estuvimos varados por horas en medio de la ruta
- No pudimos ir al recital al que íbamos
- Se quedo la llave dentro del departamento que habíamos alquilado y luego de unos cuantos intentos pudimos entrar por el balcón y recuperarla.
-
De seguro olvide algún que otro acto desafortunado más, pero además de todo eso empecé a ver el numero 13 por todos lados, como en la película “23” (la cual en ese momento no había visto y no tenia idea de que existía). El asunto es que el trece me seguía. Recuerdo una noche que salí a comprar algo, ya no me acuerdo que, y el producto que quería costaba 13 pesos, obviamente no quise comprarlo y me lleve otro más barato que “casualmente” costaba la mitad. ¡Asi es! ¡$6,50! ¡Trece dividido dos!. En otra noche la cuenta de la cena me salio 13 pesos. Una noche jugando al poker en el departamento con mis amigos me di cuenta de que había un cuadro colgado en la pared que contenía nada mas y nada menos que 13 pájaros negros!
Entre otras situaciones en las que yo encontraba el 13, la que más me llamo la atención fue una que salió de un amigo que llegó al departamento desde la ciudad de Bahía Blanca, y no desde Buenos Aires que era el lugar de donde todos veníamos y vivíamos.
Este amigo mío, mejor dicho, gran amigo mío, había pasado por Bahía Blanca a visitar a una novia que tenía allí y llego a unirse con el resto de nosotros el 23, o sea, un día antes de que comenzara la cadena de “quilombos”. Fue ese día donde 2 amigos jugando con las olas se lastimaron con una que apareció de la nada y los sacudió contra el piso, haciéndole un corte en la pera a uno y a otro un fuerte dolor en sus costillas. Obviamente uno de estos dos amigos golpeados le hecho la culpa de nuestros males al que venia desde Bahía Blanca lo que hizo que yo pusiera más atención en Fido. Esta casualidad, si asi quieren decirle, no fue la que me obsesiono, sino fue el hecho de que Fido (a mi parecer, la persona más suertuda que conozco) mencionó que su lugar de pasajero en el ómnibus de viaje hacia la playa en donde estábamos era el 13.
En seguida salto mi mente en acción…”¿Fidodido, que tiene fido?” “¿Por qué ha de ser él quien traiga el mal de ojo si nadie lo odia, es una mosquita muerta como muchos dicen?” “¿Fidodido, por que fidodido?” “¿Que tiene él que yo no conozca, que se me haya escapado? Si nos conocemos desde hace años “SE TODO SOBRE EL” y en ese último pensar sentí que veía una luz atravesar mi cerebro. “CLARO” me dije, era bastante razonable comparado con todas las locuras que se me habían cruzado. ¡Lo único que yo no sabia de Fido era su novia! ¡Jamás la conocí! Inmediatamente empecé a interrogar a mi querido amigo sobre su chica y de entre todos los datos que pudo darme, incluyendo fotos, características personales de ella, etc. Estaba su cumpleaños. Me dijo que era el 31 de marzo y no tarde mucho en darme cuenta que los papeles de titularidad del auto habían sido hechos un 31 de marzo, de hecho tenían un sello en rojo enorme con esa fecha que la hacia notar antes que cualquier otra cosa.
“¡Eureka!” pensé, “¡es tu novia, te hizo algo!” Nunca pude comprobarlo a decir verdad, quedo todo en la nada y seguí mi vida, pero jamás olvidare ese 24 de enero ni ese 31 de marzo.
No reviví en mi mente el número trece ni nada de lo ya pisado, pero si recordé esa mañana que me encontraba en un 31 de marzo, de que era el cumpleaños de esta chica y por alguna razón a mi mente llego una idea “hace unos 4 meses que estoy en este trabajo, conocí a unos 5 compañeros que ingresaron conmigo pero todavía no supe del cumpleaños de ninguno, claro solo me llevo realmente bien con Ariel, pero por cordialidad debería de haberme enterado de quienes cumplieron o van a cumplir años” Ese pensar apareció mientras me levante de la PC y me traslade unos 3 metros a servirme agua . Cuando me senté nuevamente en la PC figuraba un mail que acababa de llegar de Ariel, invitándome ese mismo día a su cumpleaños. Esto no lo tome como la discusión por telefono con Lucas, esto me dejo perplejo, confundido y maravillado por la deidad del destino.
Aquí finalizo este escrito, sólo me queda por comentar un par de cosas más curiosas que me pasaron de “casualidad” en los últimos días mientras escribía esto y a su vez escribía también una historia que esta basada en hechos reales. Básicamente mi otro escrito se trata de la belleza, la envidia y el odio que esta genera en las demás personas y como puede llevar eso a una tragedia. Mientras desarrollaba esa historia recordando datos de la historia real que me habían contado e inventando pequeños detalles para la misma, me enteré que a una chica de un colegio la habían golpeado compañeras de la misma que estaban celosas de ella porque acaparaba la atención de los chicos. Esto lo vi por un noticiero de televisión (no me molesta decir que no veo noticiarios, de hecho intento no ver mucho la tele…¡me aburre!). No voy a mentir igual, esto lo vi antes de empezar a escribir la otra historia (para ser más exacto, un par de días antes), aunque lo recordé ayer una vez que la había empezado y ya iba por el final de la misma. Podrán ustedes pensar “Claro que no cuenta haber visto esa noticia antes de empezar a escribir el relato”, y es válido, es un buen pensar, pero esto no le quita merito al hecho de que ayer (una vez que estaba por el final de la verídica historia) escuche algo sobre un conocido, a través de un amigo que tenemos en común. La historia de este conocido era muy similar a la que observe en la TV y a la mismísima que estoy escribiendo simultáneamente a esta. Brevemente hablando, me contó (sin saber nada de lo que yo estaba escribiendo) que a este muchacho lo habían molido a golpes un grupo de chicos de un colegio vecino porque él salía con una chica de ese mismo colegio y estos sintieron celos, envidia como quieran decirle. El pobre conocido mío quedo algo “extraño” después de la terrible golpiza y tuvo un cambio en su personalidad y en su forma de ser muy marcada según cuentan quienes lo conocieron bien.
Creo que no me queda más por escribir, al menos por ahora, así que me despido diciéndoles que miren, observen, escuchen, toquen, huelan, sientan con cuidado y atención, porque nunca se sabe cuando el destino nos va a estar hablando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario