En esta historia se intenta mostrar un hecho real, con una dramatización empleada lo más sutilmente posible. Aunque los hechos que la componen no fueron perfectamente comprobados, el relato siguiente existió, y es una historia que se repite seguramente en muchas partes del mundo (en una película llamada “ciudad de dios”, basada en hechos reales, también se ve una escena similar). Aquí intentaré dar un relato donde el personaje principal, aprenderá que la belleza superflua no permanece inerte y solo la deidad la perdura eterna:
Esta se desarrolla en uno de los barrios más pobres del sur de la provincia de Buenos Aires (villas le dicen muchos, y este nombre viene de “villas miseria” que apareció cuando Argentina comenzó a aparcar a la masiva cantidad de inmigrantes y que al no poder hospedarse por el congestionamiento habitacional se armaron casas con materiales desechables). Nuestro relato trata de Fabián, este es el personaje principal de lo que se quiere contar. Fabián, un simple albañil que no era para nada simple. Tenía una vida que, al ser sumamente pobre y sin familia, muchos pensarían desdichada. Pero para nada era ese el pensar de Fabián, porque además de ser increíblemente positivo, era extremadamente atractivo y de una belleza natural jamás vista en ese humilde lugar. Fabián no solo gozaba de un imán para cualquier mujer de la villa, sino también para las más acaudaladas de la ciudad, que desesperadas por él, acudían a visitarlo hasta a los antros más desagradables que frecuentaba nuestro protagonista (rara vez se animaba por obvios asuntos monetarios dirigirse a algún boliche o pub de la ciudad).
Había tenido hace unos años atrás un semestre de muy buena vida al haber conquistado a la viuda de un Agropecuario rico y haberse hasta mudado con ella. Claro que Fabián contaba con un defecto típico de los hombres apuestos, era sumamente mujeriego; esto le costo la confianza y relación con dicha mujer. Sin lamentarse mucho por ello Fabián volvió a su hogar y a sus mujeres.
Toda historia, asi sea de un cuento de hadas, tiene un lado malo y para Fabián se veía claramente en la mirada de los hombres, no solamente la de los ricos de la ciudad que odiaban como este pobre infeliz era idolatrado por sus hijas, sobrinas, primas, esposas, etc. También esta envidia la generaban sus propios vecinos, a decir verdad Fabián no tenía amigos varones, todas sus amistades eran femeninas. Tenía que tener sumo cuidado con quienes se metía, sus riñas con otros hombres por mujeres eran muy comunes en la ciudad, pero en la villa no podía, porque si bien ganaba todas sus peleas gracias a su prodigiosa musculatura de albañil, hay muchos malandrines en las villas, y cualquier pelea perdida para ellos significa una atroz venganza.
Entre los pocos sitios nocturnos adecuados para la clase social mas baja, el más frecuentado por Fabián era uno estilo boliche. Un sábado como cualquiera, Fabián había ido a este lugar acompañado por una linda chica de la ciudad, se desconoce la causa por la cual discutieron y la chica se fue del lugar llorando, dejándolo a Fabián dentro del boliche solo. Aunque esta soledad le duró muy pocos segundos. En seguida se le acercó una chica y luego otra más, naturalmente comenzó a flirtear con ambas, pero sin decidirse con cual se iría esa noche. Hasta que vio una tercera chica en medio de la pista, tan hermosa que podía enamorar a quien quisiera con un único vistazo de sus hermosos y gigantes ojos azules. Nuestro genio en la sensualidad se alejó rápidamente de las dos primeras muchachas que lo asediaban y fue sin dudar adonde se hallaba la hermosa extraña, una vez al lado lo primero que le dijo es que hacía ahí sola, ella le contesto que buscaba a una amiga y entonces empezaron a charlar. Ella se llamaba Soledad, y acababa de llegar a la villa hacia 2 semanas para visitar a una tía enferma. Fabián se sobresaltó de inmediato le hizo saber que no podía creer como no la había visto antes, y ella no vacilo en comentarle que ya lo había visto a él alguna vez. Fabián sentía que el corazón se le salía, era la más linda de todas las que había visto en ese (desagradable según él pensaba) lugar. No dudaba en tirarle frases románticas, típicas en las conquistas, como “tienes el mar en los ojos y al sol en tu pelo”; también le dijo una frase que había escuchado en una canción: “tienes los ojos del más azul de los cielos”. Soledad no paraba de reírse cada vez que Fabián le cortejaba con alguna de sus ya tan repetidas frases. Nuestro amigo sabía que la tenía a su merced, lo que no sabía (aunque por obvias razones era de sospecharse), era que ella tenía un muy peculiar pretendiente. Desde que había llegado era asediada por unos de los más terribles criminales de la villa, quien no podía dejar de pensar en ella y se cansaba de enviarle notas de afecto y cariño. Claro que a ella este villano no le interesaba para nada y se lo había hecho saber en un sin fin de oportunidades, es más, la última vez que lo había rechazado lo había hecho con una menuda bofeteada, obviamente merecida por haberse sobrepasado en sus intentos de conquista.
El bellaco, vil, criminal, malvado (o como quieran llamarle) de esta historia se llama Carlos, apodado “el pimba”, era ladrón de lugarejos por excelencia y se dedicaba a drogarse y consumir grandes cantidades de alcohol. Era totalmente despiadado con sus victimas, sin ser realmente necesario para sus atracos había asesinado muchas veces sin el más mínimo remordimiento. Un loco de esos con los que hay que tener cuidado, uno de los lideres de la villa.
El pimba estaba obsesionado con Soledad, pero esta había herido, no sólo su duro y carente de sentimientos corazón, sino había dañado su orgullo y este hacia a Carlos enervar su sangre mucho más de lo que lo hacía el odio y el amor. Por esto, el Pimba se había jurado que violaría a Soledad si fuera necesario, pero que esta no lo rechazaría una vez más.
Lamentablemente para Fabián, Carlos estaba en escena, los estuvo mirando durante todo el cortejo en el boliche y espero en el momento en que Soledad se fuese al tocador para encarar de frente al reconocido Fabián; a ese que nadie odiaba, pero al que todos le tenían envidia. Una vez enfrente, Fabián le reconoció he intento saludarlo cordialmente, pero Carlos le rechazo el saludo con insultos y amenazas. Fabián sabía con quien se metía y que debía de tener cuidado, pero estaba harto y conocía tan bien a este personaje que supuso bien que si estuviera con sus amigotes, estos estarían a su lado. Asi que se dio cuenta de que El Pimba, en esta, estaba solo.
Normalmente, a pesar de saber que con su escultural cuerpo Fabián podía con cualquiera, lograba tranquilizarse y no tornar violento el asunto, a menos, que fuera necesario o que se encontrara lo suficientemente borracho (como lo estaba esa noche). Al principio del altercado, nuestro albañil intento simplemente ignorarlo y se dirigió al baño a buscar a su princesa. Pero El Pimba lo siguió, y cuando vio que este llevaba pleno camino hacia el baño de mujeres, no dudo en tirar el primer golpe.
Antes de que Fabián se recuperara del puñetazo, o de que El Pimba tirara un segundo, media docena del personal de seguridad se encontraba detrás de cada uno de ellos. No duraron ni un minuto mas en el complejo y una vez afuera la pelea entre ambos era inminente.
Fabián recibió solo un golpe más, además del que ya había recibido. En cambio el villano de este relato fue vapuleado por el albañil, quien solo se detuvo de golpearlo cuando vio a Soledad salir del lugar. Pero Soledad le clavo una mirada de asombro, miedo y pánico, tan absoluta fue esa mirada que Fabián sintió que le pedía que no se le acerque nunca más, y asi fue, una vez que intento acercarse a ella le grito “no te me acerques” y se fue corriendo. Fabián envenenado en su odio, siguió propinándole una golpiza a quien le había plantado ese odio.
Soledad no se quedó ni un día más en la villa, desapareció y no volvió jamás a pisar el lugar. Fabián anduvo escondido y recibió amenazas de muerte durante un tiempo. Hasta que un día, meses después de la pelea se le presentó en su casa El Pimba, no lo dejo tan atónito a Fabián esta inesperada visita, como cuando lo escucho pedir disculpas. “No lo puedo creer, creí que venías a matarme” le contestó Fabián a su peligroso enemigo, pero con pose sabía este le contestó: “la muerte es sólo una escala en la vida, llevándote a ella no ganaría nada”. El perdón fue aceptado por Fabián en cuestión de instantes y terminaron estrechándose las manos.
Paso el correr de los días y aunque el suceso era inolvidado, ambos contrincantes comenzaron a saludarse cada vez con mayor afecto. Incluso El Pimba una tarde invitó a Fabián a juntarse a tomar algunos tragos en el lugar donde él se reunía con unos amigos suyos, que pertenecían a una villa cercana, por lo tanto vecina. Fabián aceptó y se dirigió al lugar, donde bebieron hasta quedar completamente ebrios.
En escena se hallaban Fabián, El Pimba, y 5 amigos más del segundo. Todos se descostillaban de risa de cada uno de los chistes el ebrio Fabián, y esto lo hizo sospechar de que algo raro estaba pasando. Sus sospechas no era infundadas, cuando Fabián intento tomar una cerveza Carlos lo tumbo al partirle una botella vacía de cerveza en la cabeza, al segundo estaban todos encima de él y mientras Carlos le gritaba “con matarte no gano nada, esta es la mejor venganza”, con un cuchillo oxidado le desfiguraron el rostro, cortándole, en gran cantidad de veces, la cara. Abusaron del galán de la villa física, psicológica y sexualmente, asi es, violaron al pobre Fabián.
Hoy en día Fabián, con el rostro totalmente desfigurado, se encuentra en una demencia infernal. No sale ni un paso fuera de su casa, solo sobrevive por ayuda de vecinos del barrio, quienes lo visitan para dejarle comida. Al galán de la villa, una parca nigromantica sin letargo alguno, cosecha de ardor el fuego que consume su ser. Jamás podrá derrocar su condición anormal ni aherrojar el abyecto y bruno futuro que le queda.
Mientras mora inerte la angustia de su alma y nuestro héroe clama al cielo que quite su aciaga tortura, periódicamente, se escucha como rompe todo lo que encuentra en su hogar; un horrísono que se vuelve aun más terrible cuando es acompañado con sus gritos de dolor.
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